El Antídoto
"Hombres y mujeres que mucho habéis llorado en la vida, a vosotros va dedicada esta lección. Meditad profundamente en ella y veréis qué consuelo tan dulce penetra en vuestro corazón. Una lucecita se encenderá en lo más recóndito de vuestro ser y una sensibilidad, que nunca antes habíais experimentado, sorprenderá vuestras fibras dormidas, dejándoos sentir mi presencia espiritual, así en vuestras penas como en vuestras alegrías y en vuestros momentos de paz.". El Tercer Testamento


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INGREDIENTES: El antídoto es muy sencillo: fe, oración espiritual, consuelo divino, el poder del amor.

DOSIS: Tómese cuanto necesite, cuando lo necesite y sigas las instrucciones tan precisamente como le sea posible.

ADVERTENCIA: Déjese al alcance de todos: Niños, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres independientemente de nacionalidad, raza o credo.

GARANTIA: El Fabricante asegura y garantiza que si usted sigue esta receta de manera completa, este remdio obrará miaglros en las vidas, mentes y corazones de cualquiera que la tome.

EL ANTIDOTO: El poder curativo del amor verdadero
Extractos tomados del Tercer Testamento
Las comunicaciones divinas del Tercer Tiempo.
Hoy vivís un tiempo de caos, de perturbaciones, mas Yo he venido a traeros el antídoto de todo mal y os prometo, en cumplimiento a mi palabra de los tiempos pasados, que la paz vendrá como aurora radiante a iluminar vuestro espíritu y que de este tiempo de dolores no quedará huella.

Venid a Mí, los que os encontráis cansados, tristes y hambrientos de amor, aquéllos a quienes la Humanidad haya tratado mal. Venid a Mí, enfermos, Yo os haré sentir el dulce amor de mi caridad. Vengo a apartar vuestra amargura para convertiros en los hijos de la paz, de la luz y de la fe. ¿Me preguntáis por qué he venido a vosotros? Porque veo que habéis olvidado el camino por donde debéis retornar al seno de donde brotasteis, y Yo os lo vengo a mostrar nuevamente.

El camino es mi Ley y por medio de su cumplimiento alcanzará perfección el espíritu. Os estoy mostrando la puerta tan estrecha como el camino que en aquel tiempo os señalé con mi enseñanza.

Estoy reedificando el templo al que me referí cuando dije a mis discípulos que maravillados contemplaban el templo de Salomón: De cierto os digo que de él no quedará ni piedra sobre piedra, mas Yo en tres días lo reedificaré. Quise decir que todo culto exterior, por suntuoso que a la Humanidad parezca, desaparecerá del corazón de los hombres, para levantar en su lugar el verdadero templo espiritual de mi Divinidad.

Este es el Tercer Tiempo, o sea el tercer día, en el que Yo terminaré de reedificar mi templo.

"Amaos los unos a los otros" desde aquí en la Tierra, pensando que todos estáis unidos por lazos espirituales indisolubles, y que irremisiblemente llegará el instante en que todos estaréis unidos en el valle espiritual. No labréis sólo remordimientos para aquella vida, ni esperéis el tener que avergonzaros en presencia de aquéllos a quienes ofendisteis.

Hay cálices que todos tienen que beber, unos primero y otros después, para que todos lleguen a comprenderme y amarme. La miseria, la enfermedad, la calumnia, la deshonra, son cálices muy amargos que no solamente llegarán a los labios del pecador.

Recordad que el justo entre los justos en aquel Segundo Tiempo, apuró el cáliz más amargo que podáis concebir.

La obediencia, la humildad y el amor con que sea apurado el cáliz de dolor, harán más liviana la cruz y más pasajera la prueba.

Si para algunos ha sido esta vida excesivamente amarga y dolorosa, sabed que esta existencia no es la única, que es larga sólo en apariencia y que en el destino de cada criatura hay un arcano en el que sólo Yo puedo penetrar.

Os he enseñado la oración, y en esa oración hemos conversado. Me habéis llamado en vuestro sufrimientos y en vuestras horas de paz; asímismo, cuando habéis pecado, habéis buscado mi presencia para lavar vuestras faltas en Mí, calmando así vuestro espíritu. Mi amor y mi paciencia son infinitos, y se manifiestan a cada instante entre vosotros.

Buscadme en el infinito con la sensibilidad de vuestro espíritu, mas no intentéis verme, vuestros ojos materiales no son capaces de contemplar mi Espíritu.

Todos traéis una herida en el corazón. ¿Quién cómo Yo para penetrar en vuestro interior?

Sé de vuestra amargura, vuestra tristeza y desaliento ante tanta injusticia e ingratitud que existe en vuestro mundo. Sé de la fatiga de los que han vivido y luchado mucho en la Tierra y cuya existencia es para ellos como un pesado fardo. Sé del vacío de los que se van quedando solos en esta vida.

A todos digo: Pedid que se os dará; para eso he venido, a daros según necesitéis de Mí, ya sea compañía, tranquilidad, misiones o luz.

Aprended a pedir y también a esperar, sabiendo que nada escapa a mi mirada, confiando en que mi voluntad se manifiesta en cada de vuestros trances, necesidades y pruebas.

Tiene derecho el hijo de pedir a su Padre y el Padre, a su vez, tiene el deber de atender al hijo.

No temáis llorar delante de Mí, varones, que las lágrimas no sólo son del niño o de la mujer. Bienaventurados los que lloran delante de Mí, porque mi mano enjugará su llanto y mi palabra de consuelo descenderá a su corazón.

Sabed que Yo no me concreto a sentir vuestras aflicciones sino que vengo a remediarlas, pero además de saber esto, es necesario que tengáis amor y fe en mi Ley, que sepáis pedir y orar y que tengáis paciencia en vuestras pruebas.

Aquí tenéis mi presencia; vengo a curar vuestras heridas y a secar vuestras lágrimas; vengo a consolaros en vuestra tristeza y a acompañaros en vuestra soledad; vengo a conversar con vuestro espíritu para haceros sentir mi ósculo divino.

Mi amor levantará del fango a los que en él hayan caído y les salvará porque también ellos brotaron del seno divino para cumplir una misión de amor.

Reconoced que cuando habéis caído en error, vais buscando la muerte, sin comprender que habéis sido creados para vivir. Vais tras del cáliz de amargura, cuando he sembrado de elevados deleites y de verdaderos goces vuestra existencia.

Ved, pueblo, ¡cuán distinta es mi justicia de como la concebís vosotros, cuando creíais que vendría mi cetro a exterminaros por desobedientes a mi Ley!

He llamado a los que más se han manchado para confiarles hermosas misiones y nobles cargos que les dignifiquen ante los demás y los salven de sus errores. Esta Obra bendita será dada a conocer con hechos, y para que vosotros seáis de los que den esos ejemplos, necesitáis prepararos.

Vengo a depositar mi palabra, que es la Ley, la Doctrina y la simiente, en vuestro espíritu, no en vuestra materia; el espíritu es el depositario, el responsable; si allí guardáis esta palabra, no caerá en el vacío, no sufrirá alteración.

No reneguéis de vuestra envoltura, por reacia y rebelde que sea, ni abominéis de tener que soportar la vida de este mundo, a la que habéis considerado como un engañoso edén lleno de tentaciones y abismos; porque esta carne que lleváis como aparato para habitar esta Tierra, no será un obstáculo para vuestra elevación espiritual o para hacer una vida virtuosa, si lográis sobreponeros a sus flaquezas, pasiones y miserias, para dejar germinar tan sólo en vuestro corazón la semilla de la espiritualidad. Para entonces, esta Tierra y la naturaleza que la rodea, tiene reservadas nuevas lecciones y también secretos que las generaciones futuras tendrán que conocer.

No será ya el dolor el maestro que corrija a los hombres, ni las guerras las que toquen el orgullo de los pueblos ni la miseria la que purifique el corazón de la Humanidad. Otras lecciones, desconocidas hasta ahora, recibirán los hombres de esos tiempos que hoy os anuncio.

Bendecid vuestro dolor, no sequéis con coraje vuestras lágrimas, bendecid vuestro pan por pobre que éste sea, porque por muy prolongado que os parezca vuestro dolor aquí en el mundo, cuando estéis en la vida espiritual sentiréis como si hubiera sido un minuto y reconoceréis todo el bien que os hizo.

Cuando los hombres sometan su libre albedrío a la conciencia y obren de acuerdo con la voluntad divina, sentirán que la carga de la vida se hace ligera y que nada fatiga al cuerpo ni al espíritu.

La lucha del espíritu a través de la materia es muy grande, pero es precisamente allí donde él se forja, donde hace sus méritos y donde es probado.

Si el corazón es débil ante los sufrimientos y vicisitudes de la vida y se torna en blasfemo, es porque el espíritu se dejó dominar por los sufrimientos, es que descendió hasta la escala de la materia e hizo suyas todas las miserias y pequeñeces que a él no le correspondían.

El que reflexiona a tiempo, ora y en la fe se fortalece, podrá triunfar, y de aquella prueba le quedará el fruto de la experiencia para no volver a flaquear ni a debilitar; en cambio, el que por un momento olvide su esencia y se consagre a vivir y sufrir para el mundo, ese habrá caído, vencido por la fuerza de la materia, por las necesidades, las tentaciones y las pequeñeces de la vida humana.

El destino tiene la piedad que Dios ha puesto en él, el destino de los hombres está lleno de la bondad divina.

Vosotros no encontráis muchas veces esa bondad porque no la sabéis buscar.

Si dentro del destino marcado por Mí a cada espíritu vosotros trazáis un camino duro y amargo, Yo trato de endulzarlo, mas nunca de aumentar su amargura.

En la vida los hombres se necesitan los unos a los otros, ninguno está de más y ninguno está de menos. Todas las vidas son necesarias las unas a las otras para el complemento y la armonía de su existencia.

Los pobres necesitan de los ricos y éstos de aquéllos. Los malos necesitan de los buenos y éstos de los primeros. Los ignorantes necesitan de los sabios y los que saben, de los que ignoran. Los pequeños necesitan de los mayores y éstos a su vez necesitan de los niños.

En este mundo, cada uno de vosotros está colocado por la sabiduría de Dios en su sitio y cerca de quien debe estar. A cada hombre le es asignado el círculo donde debe habitar, en el cual hay espíritus encarnados y desencarnados con los que debe convivir.

Así, cada quien en su camino, todos vais encontrando a los que os han de enseñar el amor que os eleva, otros recibiréis el dolor que os purifica.

Unos os harán sufrir porque así lo necesitáis, mientras otros os darán su amor para compensar vuestras amarguras, pero todos tienen un mensaje para vosotros, una enseñanza que debéis comprender y aprovechar.

Buscad en cada uno de vuestros hermanos la parte buena que os presenta para que aprendáis de él, así como la parte mala para que le ayudéis a elevarse y de esa manera iréis por el camino, ayudándoos los unos a los otros.

Cada ser humano es una lección, una esperanza de amor o desamor que al fin os da su verdad, dulce o amarga; y así iréis, de lección en lección, a veces aprendiendo y a veces enseñando, porque también debéis entregar a vuestros hermanos el mensaje que hayáis traído a la Tierra.

¿Por qué habéis despreciado a vuestros semejantes que el destino ha puesto en vuestro camino? Les habéis cerrado la puerta de vuestro corazón sin saber la enseñanza que os traían.

¡Cuántas veces habéis alejado de vosotros precisamente a quien traía un mensaje de paz y consuelo a vuestro espíritu, y luego os quejáis cuando sois vosotros los que habéis llenado vuestro cáliz de amargura!

La vida tiene cambios inesperados y sorpresas, y ¿qué haréis vosotros si mañana tenéis que buscar ansiosamente a quien hoy orgullosamente desechasteis?

Mientras el egoísmo exista, el dolor también existirá. Cambiad vuestra indiferencia, vuestro egoísmo y vuestro desprecio por amor, por caridad y veréis cuán pronto os llegará la paz.

Conoceos a vosotros mismos. He contemplado la existencia de la Humanidad de todos los tiempos y sé cuál ha sido la causa de todos sus dolores y desdichas.

Vosotros que no amáis la vida porque la llamáis cruel, mientras no reconozcáis la importancia de la conciencia en el hombre ni os dejéis conducir por ella, nada de verdadero valor encontraréis.

Es la conciencia la que eleva el espíritu a una vida superior por sobre la materia y sus pasiones. La espiritualidad os hará sentir el gran amor de Dios, cuando logréis practicarla; entonces sí comprenderéis la importancia de la vida, contemplaréis su belleza y encontraréis su sabiduría. Entonces sabréis por qué la he llamado vida.

Buscad a los que os aman y a los que os aborrecen, amad la vida a la que habéis llamado cruel sin saber que es como un libro abierto, lleno de sabiduría para vosotros.

Sabed conmoveros con las alegrías así como con las penas de los demás; ved en cada ser humano a un maestro y sentíos vosotros mismos un símbolo viviente del bien, no del mal, porque según vuestras obras en la vida así será el símbolo que representéis.

Discípulos amados: Estos tiempos son de justicia para la Humanidad; el plazo está cumplido para que empecéis a pagar vuestras deudas. Estáis recogiendo la cosecha de las siembras pasadas, el resultado o consecuencia de vuestras obras.

El hombre tiene un tiempo para hacer su obra y otro para responder de lo que hizo; este último tiempo es el que vivís, por eso todos sufrís y lloráis. Así como vosotros tenéis un tiempo para sembrar y otro para cosechar, Dios también tiene uno que os concedió para cumplir su Ley y otro para manifestar su justicia.

Son tiempos de justicia en que debéis meditar sobre vuestro destino, para que a través de la meditación y de la espiritualidad escuchéis la voz de la conciencia, que no confunde ni engaña y sí os conduce por el sendero de la paz.

El Cielo es el estado de perfección; Yo os lo he simbolizado como una inmensa y blanca ciudad que tenéis que conquistar con vuestro valor, con vuestra fe y con vuestra voluntad inquebrantable. Sed soldados de esa causa. Uníos todos los que ya alimentéis ese ideal y marchad paso a paso, ganando batallas en la vida, hasta hacer que aquella ciudad se rinda a quienes la conquistaron con su amor. Esa ciudad es vuestro hogar, ese hogar es el Universo sin fin, donde habita el Creador con sus hijos.

La virtud se manifiesta solamente en la prueba.

La luz brilla más en las tinieblas, la luz no brilla en la luz y así, era menester que vuestro espíritu fuese probado y acrisolado.





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