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La verdadera vida En nuestra vida cotidiana, ocurren a veces sucesos, que podrían considerarse muy tristes, como cuando un amigo se va después de una dura y dolorosa enfermedad, cuando se va dejando a una amorosa esposa y a dos pequeños hijos, cuando has visto a su materia agonizar y morir... Y entonces, hay que sobreponerse a la materia y tratar de ver, de mirar, con los ojos del espíritu, y adentrarnos, una vez más, en esta bendita doctrina que nos ha traido el Señor, nuestro Padre, que nos dice que la muerte no existe, que ahí donde parece que todo termina, en realidad comienza una nueva etapa para nuestro espíritu, cuya vida continúa y que, no lo olvidemos, es eterna. Y es cuando debemos recordar y plantearnos, si es que todavía no lo hemos hecho, en que esta vida material, esta etapa que estamos todos viviendo, no es más que un instante, un momento en la infinita vida del espíritu, pero nos damos cabal cuenta de lo que significa la palabra infinito? Que no tiene fin. Una vida eterna para lograr nuestra total evolución, alcanzar la perfección, y regresar a nuestro Padre, a gozar nuestra vuelta al hogar. Los que se van, únicamente se nos han adelantado en el camino y el dolor que han pasado, ha servido para hacerlos más fuertes, inmunes, a otros males mayores. Recordemos que el Padre nos ha dicho que veamos esta vida como una analogía de la vida espiritual. Y ¿qué hacemos en esta vida con nuestros hijos? ¿no los llevamos a vacunar, cuando así lo requieren para prevenir alguna terrible enfermedad, aún a sabiendas que esto les causa muchas veces dolor? Y no olvidemos por que estamos aquí, cual es la finalidad de esta vida material, -una oportunidad para nuestro crecimiento espiritual- dando infinitas gracias a Dios, nuestro Padre, por Su inmenso amor. Los hermanos que se nos han adelantado -amigos, compañeros, hijos- no se han ido del todo, podemos aprender a sentirlos y a comunicarnos con ellos, porque su esencia y su amor están siempre con nosotros. Por eso yo te digo, amigo, hermano, no te has ido, permaneces aquí en los corazones de quienes te amamos.
Citas extraídas de las comunicaciones divinas de El Tercer Testamento
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