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Ejercer la caridad Caridad es una palabra con gran contenido espiritual, porque encierra en sí el significado de amar, de preocuparse por alguien y como virtud, es opuesta al egoísmo. Para ejercer la caridad como nos ha enseñado el Maestro, es necesario elevar nuestro espíritu, entrar en contacto con esa parte interna de nosotros mismos, y así dejar que fluya el amor, desprendiéndonos de todo impulso egoísta. Muchas personas piensan que dar caridad es aliviar la necesidad económica de algún semejante, confundiéndola con la limosna, que es sólo un aspecto de lo que es ejercer la caridad. Bien está que cuando nuestro hermano necesite de una moneda se la demos, sin aspavientos ni con afán de notoriedad y mucho menos, poniendo como condición la gratitud hacia nosotros por algo que debería ser natural como lo es respirar. Pero las más de las veces, la caridad que debemos entregar es en nuestra dedicación, nuestro tiempo, nuestra devoción hacia aquel que postrado o necesitado se encuentra. Ya lo dijo Saulo, Pablo, en otro tiempo:
"Si tienes caridad, lo tienes todo. La
caridad es sufrida, es dulce y
bienhechora, la caridad no tiene
envidia, no es ambiciosa, no busca sus
intereses, no se irrita, no piensa mal.
A todo se acomoda, cree todo, todo lo
espera y lo soporta todo."
I de Corintios XIII:4,7.
Pero quien mejor resumió lo que es la caridad es Elías, quien
nos entregó una bellísima y profundísima máxima:
"Caridad y más caridad y veréis a mi Padre en todo Su esplendor".Y ciertamente, así sucederá si en lugar de ocupar nuestra mente y corazón con mundanos asuntos que solo sirven para exaltar nuestra personalidad, haciendo que nos olvidemos de los demás, ofrecemos lo mejor de nosotros hacia aquellos que lo necesitan, derrotando fronteras, razas, clases sociales y tantas cosas más que dividen a los hijos de Dios. Caridad, hermanos, caridad y en verdad, veremos al Padre en todo Su divino esplendor.
Citas extraídas de las comunicaciones divinas de El Tercer Testamento
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