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¿Nos estamos comunicando con Dios? Platiqué hace poco con una amiga, hermana en la Doctrina, que tiene muchos años de edad y de conocer esta bendita enseñanza; me relataba emocionada cuando asistió, el 31 de diciembre de 1950, a la última Cátedra, dada a través del entendimiento humano, donde Dios, nuestro Padre, se despedía de esa forma de comunicación. Recordaba ella el llanto de las personas al escuchar las palabras de despedida, porque quizá pensaban: ¿Cómo sería la nueva forma de comunicación? ¿Podrían alcanzar la comunicación de espíritu a Espíritu? Le pregunté si ella, quien a diferencia de otros siguió el camino de la obediencia a los mandatos del Señor, había experimentado ya la comunicación de espíritu a Espíritu, y me respondió que no sabía, que tal vez no era lo suficientemente inteligente para haberlo logrado. De inmediato, surgió la pregunta: "Hermana, ¿Quien es hijo de Dios: tu espíritu, o la materia que le dió por vestimenta? ¿Quién es el que fue creado a Su imagen y semejanza?" Si Dios es Espíritu como nos explicara el Divino Maestro, es justo y necesario que se comunique con Sus hijos, los espíritus, y ¿cómo lo hará? ¿cuál será el idioma en el que puedan comunicarse el hijo y el Padre? El amor. El amor que es elevación, luz, camino. Dejemos que fluya ese amor que está en nuestro corazón; ése será el camino que nos conduzca hasta Él y entonces sí, hablémosle, sin palabras rebuscadas, sin textos preparados por otros a los que consideramos más preparados; hablémosle desde el fondo de nuestro corazón, como debe hablar un hijo con su Padre. Y entonces ocurrirá el prodigio, que no serán cosas que podamos decirle o pensamientos que debamos formular, ya que ¿qué podemos decirle que Él ignore? El prodigio será que lo escuchemos, que seamos capaces de recibir en nuestra mente y en nuestro corazon Sus sabios consejos, Sus enseñanzas y hasta Sus cátedras.
Citas extraídas de las comunicaciones divinas de El Tercer Testamento
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