| Las Divinas Enseñanzas del Tercer Tiempo | |
|
Selecciona tu lenguaje |
|
EL ADVENIMIENTO
El sitio del Espiritualismo Trinitario Mariano |
| ¿Quiénes son los 144000 escogidos? | Acerca del Tercer Testamento | Espiritualismo Trinitario Mariano |
|
Reflexiones Recientes
![]()
Temas Espirituales
Libros Gratuitos en línea
Otros Sitios
Herramientas en Línea
[¿Qué es esto?]
Agregar al Toolbar de Google
Mantenido con |
El secreto de pedir y aprender a pedir Cuántas veces durante el transcurso de su vida, el hombre eleva los ojos al cielo para pedir a Dios que le conceda algo que necesita o desea; algunos piden por los bienes materiales, otros por la salud perdida, algunos suplican por las fuentes de trabajo, otros por el pan de cada día y por un sinnúmero de cosas más. Cuando alguno logra el objetivo de sus peticiones, se siente satisfecho pensando que Dios lo ama porque escuchó su plegaria, pero cuando el hombre no recibe aquello que deseaba, se confunde y pierde la fe, pensando que Dios no lo ha escuchado, o que sus peticiones no son lo suficientemente importantes para ser tomadas en cuenta por la Divinidad. Entonces, pone una barrera entre Dios y él, y surgen las dudas sobre el amor del Padre celestial y sobre su justicia.
"¿Me preguntáis si nada puedo hacer por
vosotros? ¡Ah, mis pequeños! antes de
que vosotros me pidáis, yo he depositado
en vuestras manos lo que necesitáis,
pero ocupados en la lucha y caminando
sin la luz de la fe, no sabéis sentir mi
presencia ni ver lo que dejo en vuestro
espíritu..." E. 100:48
Cuando el hombre se desespera pensando de esta manera, se
está olvidando de varios puntos que son muy importantes:
Dios no necesita que le pidamos para conocer nuestras
necesidades, él sabe todo sobre nosotros y sabe
perfectamente lo que nos hace falta, pero así como es
Dios, es Padre, y disfruta de la comunicación de sus
hijos con Él. Sin embargo, debemos entender que
precisamente por tratarse de la sabiduría divina, es Dios
quien sabe cuáles de aquellas cosas que le pedimos son
necesarias o convenientes para nosotros y cuales no.
"Hay muchos de mis párvulos que
atribuyen a injusticias del destino su
sufrimiento y se creen olvidados de su
Padre; entonces os pregunto: ¿De qué os
ha servido mi palabra? ¿Por ventura
creéis que el Señor, el autor de la
vida, es impotente para remediar
vuestros males o que no puede
complaceros en algo material que en nada
os ayuda en vuestra elevación
espiritual?"
"Yo sólo os concedo aquello que sea para
vuestro bien. ¡Cuántas peticiones hacéis
que si os fuesen concedidas, sólo os
ocasionarían perjuicios o desgracias!"
E. 9:51, 52
"Pedid, que se os dará", dijo el Divino Maestro en el
segundo tiempo, y apoyados en esta frase, los seres
humanos pedimos cualquier cantidad de cosas, sin analizar
la mayoría de las veces si aquello que pedimos es justo o
necesario. Cuántas veces inclusive, hemos sabido de
personas que en su afán de obtener aquello que creen
necesitar, intentan hacer tratos con Dios, ofreciéndole
hacer esto a cambio de aquello, y es así como escuchamos
promesas como éstas: -Si me concedes lo que te pido,
dejaré de fumar, o si curas a mi hijo dejaré de beber-.
Dios no necesita que le hagamos promesas a cambio de
algo, Él siempre está pendiente de nuestras necesidades,
y nos da por el simple hecho de que esa es su naturaleza
de Padre celestial, siempre estar pendiente de las
necesidades de sus hijos.
"Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis;
llamad, y se os abrirá.
Porque todo aquel que pide, recibe; y el
que busca, halla; y al que llama, se le
abrirá.
¿Qué hombre hay de vosotros, que si su
hijo le pide pan, le dará una piedra?
¿O si le pide un pescado, le dará una
serpiente?
Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar
buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto
más vuestro Padre que está en los cielos
dará buenas cosas a los que le piden".
Mateo 7:7-11
Lo que nos ha faltado para recibir las bendiciones de
nuestro Padre, es humildad, es conocimiento, para saber
que cuando Dios no nos concede algo, es porque aquello
que pedimos no es lo que necesita nuestro espíritu para
avanzar en el camino, y que aquello que llega a nosotros,
aunque no sea lo que esperábamos, es lo que ha de
ayudarnos a crecer, a aprender, a restituir y a
evolucionar. Es por esa razón, que nuestro Padre ha
tenido que regresar en este tiempo, para explicarnos que
no se trata solamente de pedir, sino de aprender a pedir.
"Recordad la lección en la que os dije:
"Pedid, pedid que se os dará". Ahora
vengo a deciros: "Aprended a pedir". E.
36:13
Mas, ¿cómo entender lo que significa aprender a pedir? En
realidad no es tan difícil, si comprendemos que hay una
enorme diferencia entre lo que pedimos y lo que
necesitamos, porque en verdad, que lo único que
necesitamos es perder ese egocentrismo que nos lleva a
ocuparnos solamente de nosotros y de nuestra familia. Al
ser egoístas, nos estamos olvidando de una de las
promesas que el Divino Maestro nos hiciera en el Segundo
Tiempo, cuando nos dijo que mientras nos ocupemos de lo
suyo, Él se ocupará de lo nuestro, y que aquél que pide
por los demás, recibirá por añadidura todo lo que
necesita para sí mismo.
"Si os digo ahora que debéis aprender a
pedir, es porque anteriormente vuestra
petición era incompleta y egoísta, sólo
os acordabais de pedir para vosotros o
para los vuestros. Mi lección de ahora
viene a deciros que debéis aprender a
sentir las penas de los demás; sabed
vivir y sentir los sufrimientos de
vuestros semejantes, las desgracias que
afligen a vuestros hermanos; debéis
aprender a entender a quien lleva oculta
una herida y a sentir los sufrimientos
de aquellos que, por estar distantes, no
podéis contemplar. Entre estos últimos
debéis considerar a los que habitan
otros pueblos y naciones, a los que
moran en otros mundos o en el Más Allá.
No temáis si algún día os olvidáis de
vosotros y sólo os acordáis de los
demás, porque nada habréis perdido.
Sabed que quien ora por los demás, lo
está haciendo por sí mismo". E.36:14
Si ponemos en práctica esta forma de petición, no habrá
nada que Dios no nos conceda si es para el bienestar de
nuestro espíritu o materia; mas también será necesario
que aprendamos a recibir, porque no siempre las cosas
llegan de la manera que las esperamos y en muchas
ocasiones, podemos estar dejando pasar por nuestro camino
aquello que el Padre nos envía, sin darnos cuenta de que
eso que dejamos ir, era precisamente lo que
necesitábamos. ¿Y cómo podremos saber que realmente hemos
aprendido a recibir lo que nuestro Padre nos envía? El
día en que podamos elevar una oración para pedir que se
haga Su voluntad en nosotros. De esa manera, aprenderemos
a recibir todo lo que toque nuestra vida, sabiendo que
aunque sea dulce o amargo, detrás de ello se encerrará
una gran lección de amor divino.
"Y le dijo Dios: Porque has demandado esto,
y no pediste para ti muchos días, ni pediste
para ti riquezas, ni pediste la vida de tus
enemigos, sino que demandaste para ti
inteligencia para oír juicio,
he aquí lo he hecho conforme a tus palabras;
he aquí que te he dado corazón sabio y
entendido, tanto que no ha habido antes de
ti otro como tú, ni después de ti se levantará
otro como tú.
Y aún también te he dado las cosas que no
pediste, riquezas y gloria, de tal manera que
entre los reyes ninguno haya como tú en
todos tus días.
Y si anduvieras en mis caminos, guardando
mis estatutos y mis mandamientos, como
anduvo David tu padre, Yo alargaré tus días".
1 Reyes 3:11-14
Citas extraídas de las comunicaciones divinas de El Tercer Testamento
» Envía esta reflexión a tus amigos
|