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« Los recuerdos del espíritu ¿Quieres ser un sembrador? »

El Tiempo

El tiempo, al igual que la justicia y la Ley, es una criatura perfecta que brotó del seno del Padre, para orientar al espíritu en su camino de evolución y perfeccionamiento. Es una criatura que obedece a la voluntad divina; esto quiere decir que el tiempo no está dotado de libre albedrío como nuestro espíritu, mas sin embargo, al igual que él, ha tenido la facultad de reproducirse dándonos grandes manifestaciones de su naturaleza divina. Esas emanaciones perfectas que han brotado del tiempo son el espacio y la eternidad.

Para que el espíritu encarnado pudiera comprender y palpar los eventos que lo llevarán a reconquistar su lugar, a la añoranza de la casa Paterna y el deseo de evolucionar, nuestro Padre, al crear el mundo material, creó también una serie de instrumentos que pudieran servir de guía y referencia al espíritu, a través de una materia limitada y perecedera. Es por eso que fueron creados el día y la noche, el arriba y abajo, las horas, los días y los años, la distancia y los espacios. Así también, fueron creadas las parábolas y metáforas que utiliza nuestro Padre, para ayudarnos a comprender lo espiritual a través de lo material.

De esta manera, el espíritu encarnado es capaz de comprender los mensajes y las profecías, porque Dios, en Su infinito amor, atiende las dos naturalezas que habitan en nosotros; es decir, así como es Dios de lo espiritual, es también Dios de lo material, y a través del uso de un tiempo dividido en etapas, eras o siglos, semanas o meses, el Señor nos ayuda a comprender el sentido de los mensajes que nos llegan a través de los sueños, de las videncias y profecías y de los viajes que ejecuta nuestro espíritu cuando logra elevarse por encima de la materialidad. En lo elevado, en lo etéreo, el espíritu no necesita de espacio, distancia o lugar, porque para él no existe el tiempo. Para el espíritu, las cosas se miden por un orden que emana directamente de Dios, dando sentido y proporción a los sucesos.

          "El vidente, que es llamado justamente
          profeta, por medio de su elevación
          penetra en la eternidad, en donde el
          pasado, el presente y el futuro se
          funden en un solo tiempo; y es en la
          eternidad donde Dios, que está en todos
          los tiempos y en todas las cosas, revela
          al vidente el futuro que los hombres
          desconocen y le descubre el porvenir que
          los demás no alcanzan a presentir". Los
          Protectores E. 18:18

          "...El espíritu no está sujeto a los
          tiempos. Es el tiempo el que está sujeto
          a la eternidad, al espíritu". E. 145:36
Cuando el hombre comprenda lo que es el tiempo ante la eternidad del espíritu, entenderá también el momento del cumplimiento de muchas profecías que se han revelado. Entonces sabrá que los 7 días de la creación, son en realidad 7 grandes etapas, que una semana puede simbolizar 7 años, que mil años pueden ser un día y un día mil años; o que "un poco y no me veréis", y "otro poco y sí me veréis", se traducen en veinte siglos. Sabrá que el día del juicio del Señor no está formado por 24 horas, y que el Tercer Tiempo simboliza la eternidad.
          "Todavía un poco, y no me veréis; y de
          nuevo un poco, y me veréis; porque Yo
          voy al Padre". Juan 16:16

          "Mas, oh amados, no ignoréis esto: que
          para con el Señor un día es como mil
          años, y mil años como un día". 2 Pedro
          3:8

          "Este es el gran día y no está compuesto
          por veinticuatro horas, porque el día
          del juicio no sabéis cuánto se
          prolongue, no sabéis cuándo termine,
          pero de cierto que estáis ya en la
          culminación de los tiempos y estáis
          viviendo bajo el juicio del Señor". E.
          366:16
Cuando el hombre comprenda que su espíritu es dueño del tiempo, cuando llegue al conocimiento de que los límites entre él y la eternidad son los que él se imponga, así como su falta de elevación y su materialismo, entenderá entonces que aun estando encarnado, puede enseñar a la materia a ser dócil compañera del espíritu, para ayudarlo a lograr la elevación que le permita llegar a las regiones elevadas donde no existe el tiempo. ¿Por qué hemos de sujetar al espíritu a la vida humana, si él tiene un espacio infinito más allá de la mirada y la mente? ¿Por qué aprisionar al pensamiento dentro del orbe terrestre, cuando tiene un mundo de luz más allá de lo material?
          "El pasado, el presente y el futuro son
          con vosotros, todo lo abarcan; es la
          eternidad que Yo os concedo, en la cual
          vivís, de la cual Yo quiero que seáis
          dueños, para que ya no poseáis solamente
          el tiempo material, ni seáis dueños
          solamente de este mundo". E. 366:30
¿Quién que comprenda todo esto, puede temer al tiempo? El tiempo no cambia, es siempre el mismo; los que nos modificamos somos nosotros, los espíritus encarnados que un día somos niños y otro ancianos; que hoy decimos sí y mañana no, que morimos y volvemos a nacer en una nueva envoltura, hasta que nuestro espíritu necesite de ello para evolucionar.

Mas así como comprendemos que para el espíritu elevado no hay barreras de tiempo ni espacio, es importante que entendamos que para el espíritu encarnado hay un orden material y espiritual en el que se ha incluido el tiempo, para hacernos conscientes de la necesidad que tiene el espíritu de lograr su evolución y su libertad.

Debemos comprender que cuando el Padre nos dice: "Aquellos y vosotros sois los mismos", nos está hablando del tiempo que nuestro espíritu ha vivido encarnando a través de los tres tiempos, sin haber logrado aún el adelanto espiritual que le permita seguir su camino de evolución, sin la necesidad de una materia, sin el límite del tiempo.

Para el espíritu encarnado este es el Tercer Tiempo, el último. ¿Quiere decir esto que ya no habrá más oportunidades? ¿Qué aquellos que no hayan llegado a la comprensión de las lecciones divinas hasta ahora, ya no podrán recuperar el tiempo perdido? No, quiere decir que este Tercer Tiempo se traduce en "tiempo para el tiempo". Si la voluntad divina ha dictado que no habrá un nuevo tiempo, es porque no es necesario, porque toda la enseñanza que el hombre necesita para encontrar el camino de regreso al hogar Paterno, ya ha sido entregada. Ahora será el hombre el que tendrá que acercarse a ella, estudiarla, analizarla, comprenderla, vivirla y enseñarla.

          "He aquí que ha llegado el Tercer
          Tiempo, la consumación de los tiempos,
          en los cuales se unirán por medio de
          esta Doctrina, de esta Obra perfecta, la
          Ley y las enseñanzas del Primero,
          Segundo y Tercer tiempos para iluminar
          plenamente la Tierra". Los Protectores.
          E. 44:60

Citas extraídas de las comunicaciones divinas de El Tercer Testamento

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