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Creados en igualdad Cuando brotamos del seno Divino, nuestro Padre entregó a cada uno de nosotros la misma herencia, los mismos mandatos, y la misma Ley que gobierna a todos los espíritus. Puso en nosotros dones, virtudes, potencias y potestades en igualdad de condiciones; mas dentro de esos dones, estuvo también el libre albedrío, y con ese poder de decisión, comenzamos a crear también nuestras diferencias. En nuestra soberbia, sabiéndonos a imagen y semejanza de un Dios Todopoderoso, algunos de Sus hijos comenzamos a inventar formas de vida diferentes pensando que nuestros caminos podrían llegar a ser mejores que los que Él había creado para nosotros. Ahí comenzó nuestro sendero de equivocaciones y conflictos, los que provocaron que en Su amor infinito, nuestro Padre creara un Universo material en el que esos espíritus rebeldes pudiéramos aprender, restituir y evolucionar; una morada pasajera que nos sirviera de escuela, de peldaño, de refugio y de hogar. Fue así como hicimos necesaria la creación de materias a través de las cuales el espíritu pudiera aprender y experimentar en un mundo material; fue así como surgió el género humano convertido en seres de dos sexos diferentes. Mas si analizamos el Génesis contenido en el primero de los testamentos, podremos comprobar que cuando Dios creó al hombre y a la mujer, los creó exactamente iguales; los dos tenían los mismos cargos, las mismas misiones y responsabilidades, ninguno estaba por encima del otro.
"Y creó Dios al hombre a su imagen, a
imagen de Dios lo creó; varón y hembra
los creó.
Y los bendijo Dios, y les dijo:
Fructificad y
multiplicaos; llenad la tierra, y
sojuzgadla, y señoread en los peces del
mar, en las aves de los cielos, y en
todas las bestias que se mueven sobre la
tierra.
Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda
planta que da semilla, que está sobre
toda la tierra, y todo árbol en que hay
fruto y que da semilla; os serán para
comer.
Y a toda bestia de la tierra, y a todas
las aves de los cielos, y a todo lo que
se arrastra sobre la tierra, en que hay
vida, toda planta verde le será para
comer. Y así fue."
Antiguo (Primer) Testamento= Génesis 1:27-30
Mas una de esas dos naturalezas, la de la mujer, cedió de
nuevo ante su soberbia, la cual convertida en tentación, la
llevó a pensar una vez más, que sus decisiones eran mejores
que los consejos divinos y queriendo de nueva cuenta ser como
Dios, probó caminos para los cuales no estaba preparada,
jalando a su compañero en la desobediencia y permitiendo de
esa manera la entrada del mal en el mundo; esa muerte
constante que el espíritu experimenta cada vez que desoyendo
la voz de su conciencia se decide por actos contrarios a Ley
divina, actos que tarde o temprano le traerán dolor y
restitución.
"Pero la serpiente era astuta, más que
todos los animales del campo que
Jehová Dios había hecho; la cual dijo
a la mujer: ¿Con que Dios os ha dicho
que no comáis de todo árbol del
huerto?
Y la mujer respondió a la serpiente:
Del fruto de
los árboles del huerto podemos comer;
pero del árbol que está en medio del
huerto dijo Dios: No comeréis de él,
ni le tocaréis, para que no muráis.
Entonces la serpiente dijo a la mujer:
No moriréis; sino que sabe Dios que el
día que comáis de él, serán abiertos
vuestros ojos, y seréis como Dios,
sabiendo el bien y el mal.
Y vio la mujer que el árbol era bueno
para comer, y que era agradable a los
ojos, y árbol codiciable para alcanzar
la sabiduría; y tomó de su fruto, y
comió; y dio también a su marido, el
cual comió así como ella."
Antiguo (Primer) Testamento= Génesis 3:1-6
Esa desobediencia, fue la que alejó al espíritu encarnado de
su naturaleza original, naturaleza con la cual brotamos del
seno divino, donde cabían todos los atributos, todas las
facultades; y fue así, que mediante el mal uso de nuestro
libre albedrío como comenzamos a dividirnos y a separarnos
creando grandes diferencias entre un sexo y otro, hasta
llegar al abismo en que nos encontramos el día de hoy.
No debemos olvidar que la parábola del paraíso y el ejemplo simbólico de Adán y Eva, nos están hablando en realidad de todos los espíritus que por nuestros errores y soberbia, nos hemos visto en la necesidad de venir a habitar en un mundo material, algunos con naturaleza femenina y otros masculina. En nuestra rebeldía, creamos la necesidad de que Dios marcara terrenos y responsabilidades entre los sexos, y fue así como puso Él al hombre como cabeza de la mujer y a la mujer como corazón del hombre. No se trata de un acto de desamor o de injusticia, sino del resultado y consecuencia de nuestros propios actos; tan responsable fue la Eva de la parábola por haber cedido ante la tentación, como el Adán simbólico por haberla seguido en el error; mas la mayor responsabilidad fue de la mujer y por ello, fue despojada de la facultad de ser cabeza de la pareja. Dios suplía de esa manera las carencias de una naturaleza con la fortaleza de la otra para que así se complementaran y se ayudaran a vencer las debilidades del espíritu encarnado; de esa manera nos hizo necesarios los unos a los otros. "A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti." Antiguo (Primer) Testamento= Génesis 3:16
"En un principio el ser humano fue
dividido en dos partes, creando así
los dos sexos, el uno, el hombre, el
otro, la mujer; en él fuerza,
inteligencia y majestad; en ella
ternura, gracia y belleza. El uno,
la simiente, la otra, la tierra
fecunda. He ahí dos seres que sólo
unidos podrán sentirse completos,
perfectos y felices, porque con su
armonía formarán una sola carne, una
sola voluntad y un solo ideal".
"Sed el uno para el otro como un
báculo; sed un manto amoroso que
enjugue el llanto, os digo a los
dos, porque espiritualmente ambos
sois iguales, no existe sexo o
diferencia en el espíritu".
"No está ninguno de los dos antes
que el otro, pero ya encarnados, he
colocado primero al varón y después
a la mujer".
"En el varón está la fuerza y debe
éste usar siempre la comprensión. En
la mujer preparada con ternura y
sensibilidad, anida el amor y el
sacrificio, y así ambos se
complementan".
"Yo he colocado a la mujer a la
diestra del hombre para endulzar su
existencia, para llenarla de
encanto".
"Es el hombre en la vida de la
mujer: escudo, guardián, su señor;
porque en él he puesto mi luz, mi
Ley, mi fuerza".
(El Tercer Testamento)
El Libro de la Vida Verdadera
Con estas palabras tan sencillas y llenas de amor, nuestro
Padre nos explica la importancia de cada una de esas dos
naturalezas, y nos hace comprender de una manera clara, que
aunque en espíritu ambos son iguales, ya encarnados como
hombre y mujer cada uno debe cumplir con una misión
diferente.
¿Cuántos de nosotros hemos aprendido a respetar el lugar del otro y a vivir con dignidad y amor la misión que nos corresponde? Eso cada quién lo sabe en su corazón y ante la luz de su conciencia; ejemplos y enseñanza no nos han faltado.
Citas extraídas de las comunicaciones divinas de El Tercer Testamento
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