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El que esté libre de culpa... Dice una voz popular que cada pueblo tiene el gobierno que merece, pero esto es equivocado, porque ningún pueblo merece vivir los horrores a los que la raza humana ha sido sometida a través de su historia; mas no será erigiéndonos en jueces de nuestros gobernantes, o de los hombres del poder humano como hemos de terminar con el exterminio y la corrupción, ni poniendo atención solamente en la paja del ojo ajeno como lograremos que se cumpla la promesa de ver cielo y tierra nuevos. No debemos olvidar que con la vara que midamos, seremos a nuestra vez medidos; y sobre todo, no debemos perder de vista, que ninguno de nosotros es libre de culpa para ser digno de arrojar la primera piedra.
"No juzguéis, para que no seáis juzgados.
Porque con el juicio que juzgáis, seréis
juzgados, y con la medida con que medís,
os será medido.
"¿Y por qué miras la paja que está en el
ojo de tu hermano, y no echas de ver la
viga que está en tu propio ojo?
"¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar
la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el
ojo tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga
de tu propio ojo, y entonces verás bien
para sacar la paja del ojo de tu hermano".
Mateo 7: 1-5
¿Nos hemos todos preguntado alguna vez, desde lo más
profundo del corazón, en qué hemos contribuido para
terminar con el mal que anida en el planeta, o mas aún,
nos hemos todos preguntado en que hemos ayudado para que
ese mal siga creciendo?
El ejercicio frecuente de este cuestionamiento bajo la luz de la conciencia, bajo el conocimiento de la Ley de reencarnación y el estudio de la palabra divina, en lo personal me ha llevado a comprender que no es culpa de unos cuantos el panorama que vemos a nuestro alrededor, sino que cada uno de nosotros, en el transcurso de sus vidas inscritas en una historia llena de aciertos y equivocaciones, ha ido escribiendo una parte de lo bueno y lo malo que vivimos.
"Yo os digo que en vuestra lucha no
deberéis hacer uso de la fuerza, de la
violencia o de las palabras hirientes.
Vuestras armas deberán ser la palabra de
luz que revela la verdad, las obras de
caridad que envuelvan en un efluvio de
consuelo al que sufre, la fuerza que emane
de vuestras oraciones y de vuestro
pensamiento".
"Quiero también enseñaros a cumplir
vuestros deberes para con los que
gobiernan en el mundo. Si queréis que sus
determinaciones sean favorables y justas
para sus pueblos, debéis ayudarlos con la
oración".
"Si en vez de cumplir en esta forma les
abandonáis y os dedicáis sólo a criticar
sus determinaciones, dejaréis que su ánimo
decaiga en la lucha y queden expuestos a
influencias nocivas. Sed como centinelas
de la paz".
"Ninguno tiene el derecho de hablar de las
imperfecciones de sus semejantes, porque
¿quién de vosotros es perfecto? A nadie
juzguéis y sed el buen ejemplo entre los
hombres; así debéis de vivir, como un
reflejo de la paz y de la felicidad
eternas".
Si creemos en la justicia divina y en la existencia del
espíritu que habita en cada ser humano, creado a imagen y
semejanza de un Padre Celestial, comprenderemos que no es
contra los hombres equivocados contra quienes debemos
entablar una guerra sin cuartel, sino contra la oscuridad,
la ofuscación, la necedad y la ignorancia; contra la
superchería y la falta de hermandad.
Mas para lograr todo lo anterior, es necesario espiritualizar cada vez más nuestra vida, sin descuidarnos ni por un sólo momento y sin bajar la guardia ante la tiniebla, enviando pensamientos de fraternidad y compasión hacia aquellos que han equivocado el camino (incluyendo nuestros líderes humanos o gobernantes), y elevando nuestras oraciones por ellos en forma constante, para pedir que florezca la ternura en sus corazones, que penetre en su entendimiento la luz que les permita escuchar la voz de la conciencia para lograr el reconocimiento de sus faltas y la elevación de su espíritu. Nuestras armas deberán ser el amor, la virtud y la sabiduría; la fortaleza, la paciencia, la sinceridad y el perdón. ¡Esa debe ser nuestra lucha, esas las armas que debemos usar para combatir el mal! Para llevar a cabo con la misión que como seres humanos y espíritus hermanos nos corresponde, no es suficiente con creer que con no hacer el mal estamos cumpliendo, porque eso nos convierte en contemplativos y pasivos, nosotros debemos ser activos. Nuestra misión debe ser hacer el bien, es por eso que nuestro Padre nos ha dicho en infinidad de ocasiones:
"Sé que no todos tienen igual parte de
culpa en el caos que vivís. Es verdad, mas
Yo os digo, que los que no son causantes
de la guerra, son responsables de la paz".
"El Maestro os dice: No os baste no hacer
el mal; debéis hacer el bien para que
seáis dignos de mi gloria".
"Los hombres exclaman: -Si hay un Dios de
misericordia y de amor, ¿ por qué entonces
tienen que sufrir los buenos por los
malos, los rectos por los pecadores?- En
verdad os digo, mis hijos: Cada hombre
viene a este mundo no sólo para alcanzar
la salvación de sí mismo; no es un
individuo aislado sino que forma parte de
un todo".
"¿Acaso en un cuerpo humano, un órgano
sano y perfecto no sufre cuando los demás
órganos están enfermos? Ésta es una
comparación material para que comprendáis
la relación que tiene cada uno de los
hombres con los demás".
"Deben sufrir los buenos por los malos,
pero los buenos no son completamente
inocentes si ellos no luchan por el
adelanto espiritual de sus hermanos. Como
individuos cada uno tiene su propia
responsabilidad y al ser parte de mi
Espíritu y semejante a él, posee voluntad
e inteligencia para ayudar al progreso de
todos".
"¿Quién puede daros la paz en este mundo y
apaciguar las guerras que envuelven a las
naciones? Esos dones los poseéis vosotros,
ésa es vuestra verdadera grandeza, basada
en la humildad, en la mansedumbre".
Citas extraídas de las comunicaciones divinas de El Tercer Testamento
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