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La misión del varón espiritualista Sé que muchos de nuestros hermanos se preguntarán en este momento cuáles son los ejemplos que debemos seguir de aquellos iluminados que nos antecedieron; que se estarán cuestionando si para servir a Dios y cumplir con su Ley es necesario ofrendar la vida, apartarse del mundo o convertirse en mártir como tuvieron que hacerlo muchos enviados de los tiempos pasados; nuestro Padre, en su palabra de este Tercer Tiempo, nos ha explicado con claridad qué es lo que Él necesita de aquellos varones que en este tiempo han decidido espiritualizar su vida en el cumplimiento de una misión:
"El pacto que Conmigo hacéis, no es un
compromiso material, es un cargo
espiritual que habéis aceptado contraer
con vuestro Padre, con Aquél que ha
hecho todo lo creado; Yo os enseño a
cumplir vuestra misión espiritual, mas
también os encargo que cumpláis todo
compromiso y toda promesa que en lo
humano hagáis, para que os reconozcan
por la verdad de vuestro espíritu y por
la sinceridad de vuestro corazón".
"Haced que vuestro sí sea siempre sí, y
vuestro no sea siempre no; entonces
habrá confianza en que vuestras
determinaciones sean siempre firmes.
Nunca rompáis un pacto sagrado, como son
el del matrimonio, el de la paternidad y
el de la amistad".
"Si el desconocer los deberes y
compromisos humanos acarrea tan grandes
sufrimientos, ¿qué será cuando deis la
espalda a una misión espiritual
contraída con vuestro Señor?"
"Es verdad que mi causa requiere
renunciaciones y sacrificios, mas
también os digo que es el ideal que no
defrauda jamás a quien lo persigue; el
que alcance la meta, logrará la
perfección".
"Hoy no vengo a pediros vuestra vida, ni
vuestra sangre, porque es otro tiempo en
el que hoy vivís; a pesar de ello, ¿No
podríais hacer algo semejante a lo que
hicieron aquellos en amor, en abnegación
y en fe?
"Pensad que en los tiempos pasados, en
los primeros del Cristianismo, fue la
sangre del Maestro, la sangre de sus
discípulos y apóstoles, la sangre de los
mártires, la que mejor habló, porque era
duro el corazón de la humanidad, y si
una verdad y una palabra no eran
selladas con sangre, no eran creídas.
Ahora, ni el Padre ni el mundo os pedirá
vuestra sangre ni os reclamará vuestra
vida para que con ella selléis mi
verdad; pero sí pedirán pruebas y esas
pruebas las daréis y serán de amor, de
revelación, de espiritualidad, porque de
ellas se encuentran sedientos vuestros
hermanos. Si ofrecéis las aguas
cristalinas, si ofrecéis el pan de vida,
el mundo os creerá y a través de
vosotros creerá en Mí".
No debemos dudar más de lo que el Señor pide de nosotros
en este tiempo, ya no se trata del sacrificio de la carne
o de la sangre derramada; se trata de obras de
regeneración, de hermandad y espiritualidad, de amor y
obediencia que deben guiar todos los actos de nuestra
vida. No pensemos que se nos pide un imposible, porque
nuestro Padre no nos pide nada que no seamos capaces de
dar o lograr.
No somos semilla de tiniebla o perdición, somos simiente de Abraham, de Isaac y de Jacob; en nuestro espíritu existen todas las facultades, dones y virtudes que nuestro Padre puso en él desde el instante mismo en que brotamos de Su seno; no nos faltan armas para lograr grandes obras, lo que nos ha faltado es voluntad y fe en nosotros mismos, esa fe que debemos llevar como antorcha de potestad para iluminar nuestro camino y el de nuestros hermanos. ¡Es tan amplio el espacio en que el varón puede trabajar, tantos los medios y las oportunidades! El que ama, ama todo lo del Padre; es por eso que debemos amar todo lo creado sin poner distingos, sin poner barreras que nos impidan llegar a la fuerza de nuestros dones y a la potestad que emana de nuestro amor hacia aquellos que lo necesitan; porque aquél que tiene y no da, es como si no tuviera nada.
"Oh, discípulos amados, que estáis
atentos a la lección del Maestro: Ved
cómo mi palabra despierta las facultades
que se encontraban dormidas en
vosotros".
"Ahora bien, discípulos amados, cuidaos
de caer en tentación; no toméis la causa
que no os toque juzgar, dejad que en
vosotros se pueda reflejar la
espiritualidad. Sé que vuestra lucha es
ardua, que hacer el bien es duro y
amargo a veces. Por eso antes os enseño
a amar y a perdonar a los vuestros para
enviaros luego entre la Humanidad".
"No os canséis, que el trabajo para el
espíritu nunca terminará. Si ahora os
parece una restitución o un castigo,
cuando vuestro espíritu se eleve lo
recibirá como una recompensa, porque él
nunca se fatigará de amar y sembrar el
bien".
"Quiero que el hombre llegue a poseer la
sabiduría siendo humilde y caritativo a
la vez. Mirad cuántos con un poco de
saber se envanecen, se sienten grandes,
empuñan un cetro y se coronan ante sus
hermanos. Sed humildes de corazón, sed
sencillos y accesibles y Yo os coronaré,
mas no con vanidades humanas; no será
menester que la Humanidad contemple este
galardón".
"No busquéis premios entre los hombres,
que bien poco tienen que daros, buscad
que os compense Quien es todo justicia y
todo lo posee".
"Que no os guíe jamás el interés ni deis
algo pensando de antemano en la
recompensa, porque eso no es amor ni es
caridad. No espere vuestro espíritu
recoger en el mundo amor como recompensa
a sus buenas obras, porque no habéis
venido a la Tierra a recoger amor, sino
a sembrarlo. La cosecha no es de este
mundo".
Citas extraídas de las comunicaciones divinas de El Tercer Testamento
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