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Un juicio justo
"¡Grande es la expiación de los seres que
en estos tiempos vienen a la Tierra! Mas
debéis pensar que todo el dolor que existe
en el mundo, es obra de los hombres. ¿Qué
mayor perfección en mi justicia, al dejar
que los mismos que sembraron de espinos el
camino de la vida, vengan ahora a
recogerlos?"
Sólo hay uno digno de juzgar los errores de aquellos que
han contribuido al caos, y ese, es nuestro Padre, quien
dará a cada quién lo que en justa medida le corresponde ni
más, ni menos. El juicio que hacemos los hombres de
nuestros gobernantes, y de los hombres que han sido
designados para dirigir el destino de nuestros pueblos,
siempre está movido por el enojo, por el dolor, por la
falta de conocimiento, por el interés personal, o por un
sin fin de razones más que nos incapacitan para ser jueces
justos y equitativos de nuestros hermanos; el juicio de
nuestro Padre por el contrario, es el juicio de la
sabiduría, de la razón perfecta, del conocimiento de causa
y sobre todo, del amor infinito, desinteresado y
misericordioso.
"Todas mis instituciones han sido
profanadas por los hombres, mas es llegada
la hora de que todas sus obras sean
juzgadas. Ese juicio es a Mí a quien
corresponde concederlo, por lo que os
digo: Velad y cumplid mis preceptos de
amor y de perdón".
"La hoz de mi justicia viene a segar
vuestros campos, y os declaro en verdad y
en Espíritu que todo aquello que no tenga
raíces de bien, será segado y todo aquello
que esté de más, será quitado".
"Vendrán a mi presencia los gobernantes de
los pueblos, naciones y reinos, y les
preguntaré por qué camino han conducido
los destinos humanos y que han hecho de
sus pueblos; les pediré cuenta del pan de
sus hermanos, del trabajo y del jornal, y
si sólo me presentasen en su corazón la
codicia, la vanidad, y en su mano la
riqueza, mientras sus pueblos perecen de
miseria y de hambre, ¡cuán grande será su
responsabilidad!"
"No juzguéis, no sentenciéis, no deseéis
ni con el pensamiento que mi justicia
caiga sobre aquellos que causan
derramamiento de sangre entre los pueblos.
Pensad tan sólo que ellos, como vosotros,
también son mis hijos, mis criaturas y
tendrán que lavar sus grandes faltas con
grandes restituciones".
"Os amo y os quiero perfectos, por eso mi
justicia se manifiesta en forma inexorable
entre la humanidad. Todas las obras
pasadas y aparentemente olvidadas de Dios,
serán juzgadas en este tiempo en el cual
el espíritu encarnado puede entender,
aceptar y comprender mis juicios. Reyes,
jueces, señores, todos los que en alguna
forma hayan sembrado la semilla del mal
entre sus hermanos, estarán presentes en
el juicio del Señor; mas os digo que en
vez de atarlos con cadenas, de privarles
de la luz o de someterlos a tormentos
eternos, como pudiera creer la humanidad
en su ignorancia, les señalaré una misión
en mi Obra de salvación a fin de que
purifiquen su espíritu, reparen los yerros
que hayan cometido y comprendan que mi
justicia procede del amor divino".
¡He ahí la gran diferencia entre los juicios que hacemos
los hombres y los juicios de nuestro Padre! Nuestros
juicios están llenos de rencor que aniquila a aquellos que
han equivocado el camino; los ponemos en lo que llamamos
"lista negra", hacemos documentos que sirvan de testimonio
para el juicio de las nuevas generaciones y ahí los
mantenemos por el resto de la historia, siempre malos,
siempre equivocados. En cambio, el juicio de nuestro Padre
está basado en lecciones de amor, de perdón, de justicia y
de nuevas oportunidades para reparar los errores; es el
juicio que enseña, que limpia y que redime.
Citas extraídas de las comunicaciones divinas de El Tercer Testamento
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