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La multiplicación de los panes y los peces En el Segundo Tiempo, la fama de Jesús creció en virtud de sus milagros, y aún en este tiempo, hay muchos que al leer sobre los prodigios que el Divino Maestro realizaba, siguen sin comprender cómo es posible que los ciegos recuperaran la vista, los paralíticos el movimiento, los muertos la vida y los poseídos la luz. Como nuestro Padre nos ha explicado en Su palabra, todos estos prodigios que se dieron en forma material ante los ojos de los que lo seguían, fueron necesarios; era importante que las multitudes conocieran la potestad que emanaba del Maestro, porque la reaciedad de aquellos tiempos, y la falta de elevación espiritual de aquellos hombres, no les hubiera permitido de otra manera reconocer en Jesús al Cristo. El hombre, en su soberbia, ha tratado de explicar a través de los tiempos cómo pudieron ser realizados esos prodigios; algunos se han conformado con verlos como actos sobrenaturales, otros han intentado explicarlos inclusive como casos de hipnosis colectiva, y pocos, muy pocos, han aceptado que se trata de prodigios generados por los dones que provienen del espíritu. Entre todos los milagros que presenciaron los hombres de aquel tiempo, hay uno que se repitió en dos ocasiones, el cual, ni aun en este tiempo de descubrimientos científicos y viajes planetarios, ha podido ser comprendido, ni por su importancia como mensaje espiritual, ni por la magnitud que tuvo en lo material. Analicemos el primero de estos pasajes: “Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino. Entonces sus discípulos le dijeron: ¿De dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, para saciar a una multitud tan grande? Jesús les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos. Y mandó a la multitud que se recostase en tierra. Y tomando los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas. Y eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños”. Mateo 15:32-38En su Enseñanza, nuestro Padre nos ha explicado en muchas ocasiones, que en su Obra no existe la casualidad, como tampoco existe la magia o lo sobrenatural; cada uno de los milagros que rodearon la vida del Divino Maestro, fueron realizados a través del poder de la fe, la caridad y el amor infinitos. Cuando decidimos seguir ese ejemplo en nuestras vidas, logramos la elevación del espíritu, y surge el amor y el desarrollo de los dones que Dios ha depositado en nosotros. Es entonces cuando todo lo que parecía ser misterio, se vuelve natural ante nuestros ojos, y comprendemos que aquello que llamamos milagro, no es mas que la materialización de un mensaje divino. Es así como se dio el maravilloso milagro de la repartición de los panes y los peces: El amor infinito del Divino Maestro y su Enseñanza de luz, despertó la fe de aquellas multitudes que lo escuchaban haciendo el prodigio de multiplicar el alimento, no como el resultado de un acto de magia, sino como el resultado de un acto de amor infinito, que logró despertar la caridad en el corazón de todos los que escuchaban al Maestro, y al ver que Él y sus apóstoles dividían con ellos lo poco que tenían, abrieron sus alforjas para compartir con todos el alimento que llevaban. Como ven queridos hermanos, todos los prodigios de nuestra vida, son generados y explicados por el amor. Ahora vamos al análisis espiritual de este pasaje del Segundo Testamento: Los tres días que la multitud ha pasado con el Maestro, simbolizan los tres tiempos que integran la historia de la humanidad; los siete panes son el símbolo de los Siete Sellos que forman nuestra historia, y el hecho de que se trate precisamente de pan, es porque el pan simboliza el alimento universal, además de que se trata de un alimento que tiene las características de ser fácil de hacer y de no descomponerse fácilmente. Simboliza el mejor alimento para el espíritu. Los peces son el alimento que viene del mar; y como el Padre nos ha explicado, el mar simboliza Su Enseñanza, Su palabra. Los peces no están contados, esto simboliza que es algo que se da extra, lo que se da de más; esto quiere decir, que al tiempo que el espíritu recibe a través de la palabra divina el alimento que necesita, la materia por añadidura, recibe beneficios también. Los cuatro mil hombres, representan cuatro veces mil; cuatro simboliza los cuatro puntos cardinales, y los miles, a la humanidad completa. Los siete canastos llenos de pan, representan la promesa de que el alimento espiritual que dará el Padre a la humanidad, será en abundancia hasta el final de los tiempos, hasta concluir el Séptimo de los Sellos.
Citas extraídas de las comunicaciones divinas de El Tercer Testamento
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