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La Comunicación Natural Cuando escuché hablar por vez primera de la comunicación de espíritu a espíritu me imaginé algo sobrenatural, sublime y maravilloso, y también pensé que estaba reservada solo a personas cuya gran evolución espiritual así se lo permitiera; lo veía como algo inalcanzable para mí, veía a las personas que lo lograban y me preguntaba el porqué yo no lo podía tener. Siempre tendemos a creer que lo Divino es sobrenatural; vemos los valles, los mares, los cielos y todo lo que nos rodea y como son parte de nuestra vida encarnada y parte de la Naturaleza, no nos percatamos de lo maravilloso y sublime que representa su existencia. Con el tiempo empecé a percibir cosas, y a escuchar la voz de mi conciencia y empecé a experimentar de forma gradual la comunicación de espíritu a Espíritu; fue entonces que me di cuenta que es algo tan natural para todo hijo de Dios que se presenta de forma sutil y simple, porque lo que viene del Padre es eso, natural. Todo hijo de Dios ha experimentado esta comunicación, solo que por ser tan natural no podemos imaginar que provenga del Padre; entendí que más que tener una gran evolución espiritual lo que se requiere es permitir que nuestro espíritu abra sus ojos al valle al cual pertenece, a ese el valle espiritual que es nuestra verdadera morada, y con ello permitirle a su materia disfrutar también de lo maravilloso que representa ser natural en verdad. Lo que proviene del Padre es natural, lo sobrenatural lo creamos los seres humanos: la magia, los ritos, los sacrificios, las idolatrías, la utilización de los dones de forma ostentosa son creaciones del hombre. Cuando logramos sustraernos, aunque sea tan solo por unos minutos en nuestro caminar cotidiano, de nuestras ambiciones, sufrimientos, temores, vicios y necesidades falsas y escuchamos a la conciencia, que es la chispa divina que se halla en todo espíritu, es cuando de mejor forma podemos percatarnos de la comunicación de espíritu a Espíritu, que no es más que hablar con nuestros hermanos y con nuestro Padre a través de nuestro amor y no a través de nuestras palabras para como se hace con un padre, hermano mayor o amigo; así, de espíritu a Espíritu podremos preguntarle acerca de nuestros problemas y sufrimientos, consultarle acerca de nuestra salud y porvenir, pedirle inspiración, sabiduría, ayuda y consuelo o simplemente acurrucarnos en su amor y protección y llegar al éxtasis espiritual. Fue de esa forma y en ese momento que yo entendí que lo más simple y natural es también lo más maravilloso que el Padre nos ha legado. No nos confundamos cuando busquemos al Padre, porque como Padre amoroso, antes de haberlo buscado, Él siempre ha estado con nosotros.
Citas extraídas de las comunicaciones divinas de El Tercer Testamento
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