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Un pacto sagrado "Soy una mujer con muchos años de viudez. Cuando enviudé, mis hijos eran menores. Muchas veces hablaba con el que en la vida había sido mi esposo, -ahora mi hermano- y como si fuera mi amigo secreto, compartí con él soledades, tristezas, preocupaciones y penas. "Le confié en ocasiones los diferentes tropiezos por los que pasaban los hijos, diciéndole, que él ahí y yo aquí, todavía teníamos mucho quehacer. Pero el otro día, nuestra comunicación espiritual alcanzó un nivel diferente. De pronto lo sentí llegar, -ya reconozco su aroma espiritual- y dejé que pusiera en mi mente lo siguiente: Que ahora venía por algo diferente, se trataba de ayudar a una pareja amiga nuestra, quienes después de treinta años de matrimonio, ya con los hijos crecidos, y haciendo su vida, tomaban la decisión de dejarse, de vivir cada uno por su lado, interrumpiendo su compromiso de llegar juntos al final, hasta que la muerte material los separe. "Lo escuché, lo comprendí y le pregunté cuál era mi parte que quería que yo hiciera. Me dijo que buscara a cada uno, por separado, y dejar que hablara mi corazón. No esperé mucho para hacerlo, no quise pensarlo mucho. Hablé, me entrevisté con él, después con ella, los escuché... y hablé. "Lo que mi corazón e intuición hablaron fue que la tarea encomendada a cada uno de ellos, en su papel de compañeros, no había terminado. Se había interrumpido una labor, parte de un pacto sagrado hecho ante el Padre, para ayudarlos a evolucionar, a ser mejores, que cada uno de ellos poseía lo que le faltaba al otro, y que sólo juntos encontrarían la paz, aquella que sólo se encuentra en el cumplimiento del deber. "No sé que resultado pueda tener mi intercesión. Sólo sé que hice lo que debía hacer, con la ayuda de mi hermano espiritual. He de decir que no quedó ahí mi trabajo, no, sigo pendiente de ellos, espiritualmente, pues los llevo en la mente y en el corazón."
Citas extraídas de las comunicaciones divinas de El Tercer Testamento
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